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La importancia del sabor y la textura en los alimentos de nuestros bebés

Sabor, olor, color, son las principales cualidades que miramos al adquirir alimentos. Todas ellas son cualidades que podemos percibir sin estar cerca de la comida y nos dan información acerca de la calidad del producto, nos evocan sentimientos y recuerdos… a los adultos. Nuestros pequeños son la alegría de nuestra casa, dignos de lo mejor, por ello nos esforzamos en elegir lo mejor para alimentarlos. Pero… ¿qué nos pueden decir ellos?, ellos no pueden elegir los alimentos por sabor, olor o color, porque son habilidades que desarrollarán a lo largo de la vida. Su exigencia vendrá determinada por otra parte, por cualidades mas primarias. Sabor y textura.

Nuestros hijos no comparan, ellos tienen una respuesta de todo o nada. O les gusta o no. Es nuestro deber el educarlos y darles variedad de sabores para que mejoren su paladar y disfruten con la comida. Pediatras y farmacéuticos recomendamos empezar con sabores esenciales. Estos sabores son muy fácilmente diferenciables y a su vez agradables para el paladar de un niño. Son sabores que a lo largo de su vida irán variando y haciéndose más sutiles. Por ello la recomendación generalizada es comenzar con frutas de sabores agradable como son peras y manzanas, y les añadimos cítricos para que el paladar poco desarrollado del niño pueda establecer diferencias claras. Seguimos con plátano y añadimos cereales. Así el niño establece directrices claras de sabores en su cerebro.

Tradicionalmente hemos prestado más atención al sabor que a las  texturas. Un niño necesita conocer cual es la textura de la fruta porque es un recuerdo que va a usar el resto de su vida. Es evidente que a un infante de cuatro meses no puede comer un gajo de manzana pero si es importante que coma un puré consistente en el cual se diferencien texturas. Cada vez más expertos recomiendan el uso de las “batidoras tradicionales” frente al uso de los robots de cocina o las licuadoras. La causa de esto es que el licuar a alta potencia rompe las fibras e incluso las paredes celulares, esto nos hace perder la cualidad de la textura e induce a los paladares infantiles a pensar que una manzana y un plátano tienen el mismo tacto en la boca.

En conclusión siempre hay que usar alimentos de alta calidad y libres de todo tipo de químicos para los niños, pero a su vez es de gran importancia dar a los niños sabores y texturas que les de información correcta de los alimentos que usarán en su futuro para un mejor desarrollo.

 

Borja Mendoza.

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